La actividad de rezar con un pobre es lo más maravilloso que existe.

” Oh, Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, manantial de misericordia para nosotros, en Ti confío” Santa Faustina Kowalska. La medida del amor es amar sin medida.

Los voluntarios Casa de María Reina de la Paz acompañamos a los más necesitados a la Adoración, rezamos juntos, compartimos momentos de silencio. Tenemos turnos de Adoración en diferentes iglesias.

Francisco de Asís habla de la “dama pobreza” que será su amada. Al ver como fue valorada por el Hijo de Dios mientras todos la repudiaban, quiso desposarse con ella. Nadie ha ambicionado nunca como él la pobreza, esa perla fina del evangelio. Nada ofendía tanto su honor como ver entre los compañeros, tanto fuera como dentro del convento, algún comportamiento contrario a la pobreza.

La pobreza, sin embargo, no era un fin en sÍ mismo, sino un camino para alcanzar el amor, el amor a Cristo pobre y despreciado, y el amor a los hombres más marginados. Sabía que a los ricos les da felicidad las riquezas, como sabia que en la riqueza no está la perfecta alegría y que a los pobres tan solo les da felicidad el amor. Y ya que el amor era su tesoro nunca agotado, lo ofrecía con mayor gozo y generosidad a aquellos que más lo necesitaban y esperaban: los pobres.

Un día, la madre de dos de sus compañeros vino confiadamente a pedirle limosna. Fray Catanio dijo a Francisco:
-Nada tenemos en casa de valor que le podamos dar. En todo caso, hay un ejemplar de los Evangelios, el que utilizamos para la lectura de los maitines.

Francisco le contesto:

-Pues da a nuestra madre los evangelios: que los venda y satisfaga su necesidad, porque en el mismo Evangelio se nos exhorta a socorrer a los pobres. Estoy seguro de que agradará más a Dios que demos el libro y que no lo leamos.

Reza el Rosario con un pobre, acompañale a la Adoración, reza con él para que Dios esté contento, ya que los más humildes son los preferidos de nuestro Señor.

El Rey David escribió en los Salmos que cuando una persona reza, debería sentir que es pobre. ¿Qué quiso decir con esto?
Cuando nos acercamos al Creador y pedimos algo, no podemos hacerlo desde la conciencia de “yo merezco”.

En realidad, no merecemos nada. Estamos pidiendo prestadas todas las bendiciones que recibimos, y todas ellas pueden sernos arrebatadas en cualquier momento.
De hecho, no existe algo que alguna vez hayamos hecho para merecer la vida que hemos recibido del Creador. ¿Hemos ganado el derecho a despertar otro día? ¿Qué esfuerzos hicimos ayer por el aire que respiramos en este preciso momento? ¿Por la salud que tenemos? ¿Por las amistades que atesoramos?

Es una paradoja increíble: Cuando sabemos que no merecemos nada, conectamos con la gracia y podemos recibirlo todo.