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Teresa de Calcuta: “Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él”.

En Casa de María aprendemos junto a los más pobres que lo verdaderamente importante es el amor, trabajar para tener un corazón puro y humilde, actuar con rectitud de intención, y poner a Dios por encima de todo, pues Él es el Creador y nosotros sus criaturas, y sin Él nada podemos.

Las cosas del mundo, las vanidades, las riquezas, el lujo, los placeres, el encumbramiento social, la ciencia meramente humana, el prestigio intelectual, … quedan al margen cuando la humildad es virtud y no falsa modestia.

 

PAPA FRANCISCO: LA HUMILDAD, REGLA DE ORO PARA EL CRISTIANO.

La humildad es la “regla de oro” para el cristiano, para quien progresar ha de querer decir “rebajarse”. Porque el amor y la caridad pasan por el camino de la humildad, que es el elegido por Dios mismo. Lo recordó el Papa Francisco en la Misa celebrada ayer por la mañana, fiesta de la Anunciación, en la capilla de la Casa de Santa Marta.

La historia de la fe, dijo el Papa, está hecha de humildad y “nos habla de humildad”. Sucede así también en el momento de la Anunciación. Parece que Dios quiere que este acontecimiento suceda como escondido, que esté “como cubierto por la sombra del Espíritu Santo”. “Todo acontece por el camino de la humildad. Dios, humilde, se rebaja. Y continuará rebajándose hasta la cruz”.

En el momento de la anunciación, “también María actúa con humildad: no comprende bien, pero es libre. Y dice ‘sí’. Es humilde: ‘Hágase la voluntad de Dios’. Y José, su novio –aún no estaban casados- también él se rebaja y toma esta responsabilidad tan grande” de cuidar de María y del Niño. La actitud de María y de José muestra que “todo el amor de Dios, para llegar hasta nosotros, toma la vía de la humildad. Del Dios humilde que ha querido caminar con su pueblo”.

“Nuestro Dios –precisamente porque es verdadero, porque no es un dios fingido, hecho por manos humanas- prefiere ir por el camino de la humildad, por el que va todo su amor. Ser humildes no significa ir por el mundo con los ojos bajos, no. La humildad verdadera es la que Dios nos enseña, la de María, la de José. Y, sobre todo, la de Jesús, que llega hasta la cruz. Y esta es la regla de oro para un cristiano: avanzar y rebajarse. No se puede ir por otro camino. Si yo no me rebajo, si tú no te rebajas, no eres cristiano. ¿Y por qué debo rebajarme? Para dejar que toda la caridad de Dios venga por este camino, que es el único que Él ha elegido –no ha elegido otro- y que llega hasta la cruz y, luego, al triunfo de la resurrección”.

“El triunfo de un cristiano –dijo el Papa para concluir- toma esta vía de la humildad. Miremos a Jesús, que comienza a rebajarse en el bello misterio de su concepción. Miremos a María, a José. Y pidamos la gracia de la humildad. Pero de esa humildad por la que pasa la caridad. (…) De hecho, si no hay humildad, el amor queda bloqueado, no puede manifestarse. Pidamos entonces la gracia de la humildad a la Virgen, a San José y a Jesús”.