LA VIRGEN INVITA A FORMAR GRUPOS DE ORACIÓN

“¡Queridos hijos! Hoy os invito a abriros a la oración. Que la oración se convierta en gozo para vosotros. Renovad la oración en vuestras familias, formad grupos de oración, y así, experimentaréis el gozo en oración y comunión. Todos los que oráis y sois miembros de grupos de oración, estáis abiertos a la voluntad de Dios en el corazón y testimoniáis gozosamente el amor de Dios. Yo estoy con vosotros y os llevo a todos en mi corazón y os bendigo con mi bendición materna. Gracias por haber respondido a mi llamada”

HAY QUE CUMPLIR LAS 5 PIEDRECITAS

Amor a JESUCRISTO. Él está vivo en la EUCARISTÍA. Docilidad al ESPÍRITU SANTO que nos hace hijos del PADRE y nos impulsa a la EVANGELIZACIÓN. ORACIÓN con la BIBLIA y el ROSARIO. CONFESIÓN mensual y AYUNO como renovación en el camino hacia la SANTIDAD. Amor a la IGLESIA. Aprendemos sus enseñanzas a través del Catecismo de la Iglesia Católica.

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PROCESO

a. Invocación al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es quien nos guía siempre en el camino de la Santidad.“Lo más importante es orar al Espíritu Santo para que descienda sobre vosotros. Cuando uno lo posee lo tiene todo. La gente se equivoca al invocar solamente a los Santos cuando piden algo” (Mensaje del 21 de octubre de 1983).

b. Purificación del corazón: perdón y arrepentimiento. La participación debe ser espontánea y voluntaria.  Pidamos al Señor nos ilumine para abrirle completamente nuestros corazones.

“Queridos hijos, hoy también deseo mostraros cuánto os amo. Pero me duele no poder ayudaros a cada uno a comprender mi amor. Por lo tanto, queridos hijos, os invito a la oración y al abandono total a Dios, porque Satanás quiere alejarlos de Dios por medio de las cosas de todos los días y tomar el primer lugar en vuestras vidas. Por eso, queridos hijos, orad continuamente. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (Mensaje del 16 de octubre de 1986)

c. Oración con el corazón: Adoración, Alabanza, Gracias. Oración espontánea y voluntaria de Adoración, Alabanza y Acción de Gracias. Con nuestros corazones abiertos, expresemos a nuestro Dios nuestro amor por Él y lo que Él representa para nosotros. En este momento podemos aprovechar para darle gracias por todos los favores recibidos.

“¡Queridos hijos! Hoy os invito a todos a regocijarse continuamente por la vida que Dios os concede. Mis queridos hijos, regocijaos en Dios el Creador, porque Él os ha creado de manera tan maravillosa. Orad para que vuestras vidas estén llenas de una gozosa acción de gracias que brote desde vuestro corazón, como un río de alegría. Mis queridos hijos, dad incesantemente gracias a Dios por todo lo que poseemos, por cada pequeño don que Dios os ha concedido. De esa forma, la bendición gozosa de Dios descenderá siempre sobre vuestras vidas. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (Mensaje 25 de agosto de 1988)

d. Santo Rosario meditado (abierto a la oración de petición y de intercesión). El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa.

“¡Queridos hijos! Hoy os invito a comenzar a rezar el Rosario con una Fe viva, así podré ayudaros. Vosotros, queridos hijos, deseáis recibir gracias pero no oráis. Yo no puedo ayudaros porque vosotros no decidís actuar. Queridos hijos, os invito a rezar el Rosario de tal manera, que se convierta para vosotros en un compromiso que estéis dispuestos a cumplir con alegría. Así podréis comprender por qué estoy desde hace tanto tiempo con vosotros. Yo deseo enseñaros a orar. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (Mensaje del 12 de junio de 1986)

e. Lectura del Mensaje del mes de nuestra Madre María. Se lee el mensaje del mes -preferentemente el último o del mes anterior- y después se hace una reflexión comunitaria, donde cada miembro voluntariamente puede compartir lo que le inspira o suscita el mensaje, o una parte de él que le haya conmovido especialmente.

“¡Queridos hijos! Hoy os bendigo de una manera especial con mi bendición maternal e intercedo ante Dios por vosotros, para que Él os conceda el regalo de la conversión del corazón. Desde hace años, Yo os llamo y os exhorto a una vida espiritual profunda y a la simplicidad, pero vosotros sois tan fríos. Por eso, queridos hijitos, tomad en serio los mensajes y vividlos, para que vuestra alma no se entristezca cuando Yo no esté ya más con vosotros y cuando ya no os guíe como a niños indecisos en vuestros primeros pasos. Por eso, queridos hijos, leed cada día los mensajes que Yo os he dado y transformadlos en vida. Yo os amo y por eso os invito a todos al camino de la salvación con Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (Mensaje del 25 de diciembre de 1989)

f. Lectura del Santo Evangelio. Se lee la lectura del domingo siguiente para así prepararse durante el resto de la semana, pero también puede escogerse la lectura del día. Se puede hacer una reflexión comunitaria, donde cada miembro voluntariamente comparte lo que le inspira el Santo Evangelio.

“¡Queridos hijos! Quiero que vosotros entendáis que Yo soy vuestra Madre, que Yo quiero ayudaros y llamaros a la oración. Sólo por medio de la oración vosotros podéis entender y aceptar mis mensajes y ponerlos en práctica en vuestras vidas. Leed la Sagrada Escritura, vividla y orad para entender los signos de los tiempos. Estos son tiempos especiales. Por eso, Yo estoy con vosotros para atraeros a mi Corazón y al Corazón de mi Hijo Jesús. Queridos hijos, Yo quiero que vosotros seáis hijos de la luz y no de la oscuridad. Por tanto, vivid lo que Yo os estoy diciendo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!” (Mensaje del 25 de agosto de 1993)

g. Oración Final: Podemos hacer una oración final o canto a la Virgen. También podemos hacer la consagración a María Santísima o al Sagrado Corazón de Jesús.

Agradezcamos, por fin, la posibilidad de participar en un grupo de oración, tal como se ha hecho desde las primeras comunidades cristianas. De esta manera podemos hacer experiencia de lo que Jesús dijo en el Evangelio: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”. (Mt 18, 20)